En el proyecto contemporáneo, el baño ha dejado de ocupar un lugar secundario para convertirse en un espacio de proyecto con entidad propia, y el lavabo concentra buena parte de esa atención: ya no se elige solo por su función, sino por su capacidad de definir el carácter del espacio. Materialidad, color y textura pesan aquí tanto como en las estancias que tradicionalmente recibían la mayor atención en un proyecto.
Es en este punto donde Terzofoco aporta una visión distinta de la cerámica. La firma italiana desarrolla lavabos en porcelana y gres porcelánico de alta densidad que combinan innovación técnica, tradición artesanal y una investigación constante sobre esmaltes, acabados y superficies. Cada pieza se fabrica y se termina de forma individual, dando lugar a objetos donde la precisión técnica convive con la singularidad del trabajo manual.
El valor del terzo fuoco
El nombre de la marca remite a la técnica del terzo fuoco (tercer fuego), un proceso histórico de la cerámica italiana que consiste en someter la pieza a una tercera cocción, posterior a la fabricación y al esmaltado.
En esta última cocción se fijan sobre la superficie esmaltes especiales, pigmentos y acabados metálicos —oro, platino, cobre o bronce— que reaccionan con el calor y generan reflejos, matices cromáticos y texturas inalcanzables por procesos industriales convencionales. El resultado no es solo decorativo. La superficie gana profundidad, riqueza material e identidad propia, de modo que cada lavabo difiere ligeramente del anterior: una condición de serie no reproducible, más próxima a la pieza de autor que al producto seriado.
LuneUp
Sobre esa misma base artesanal, LuneUp lleva la cerámica de Terzofoco más allá del lavabo para proponer un sistema modular escultórico, en el que la pieza cerámica ordena el conjunto del baño. La colección combina lavabos —cada uno con los reflejos y matices que deja la tercera cocción— con estructuras arquitectónicas ligeras y perfiles minimalistas. Un sistema que reduce el peso visual y optimiza el espesor sin restar presencia al material, permitiendo resolver composiciones a medida según las dimensiones y el uso de cada proyecto. El resultado equilibra la ligereza del soporte metálico con la densidad y el carácter de la cerámica, que se mantiene como eje del diseño.
Al integrar la pieza en un sistema, las variaciones de esmalte dejan de ser un rasgo aislado del lavabo y pasan a definir el carácter de toda la composición: dos configuraciones con el mismo formato pueden leerse de forma muy distinta según el acabado. Es una diferencia que apenas se aprecia en imagen y que se entiende en el contacto directo.